Volumen I · Parte IV · Capítulo 11
Del recurso al campo
Una forma no solo utiliza recursos: depende de condiciones ecológicas, sociales e institucionales que hacen posible su capacidad y que también pueden ser alteradas por su funcionamiento. El capítulo compara esta tesis del campo con dependencias de la naturaleza, sistemas socioecológicos, resiliencia y límites planetarios, y define el egocentramiento como un problema estructural de perímetro, no psicológico.
¿Qué cambia cuando aquello que una organización llama recurso resulta ser parte de las condiciones que hacen posible su propia capacidad?
En 2023 el Canal de Panamá descubrió, de una manera extraordinariamente concreta, que su infraestructura no terminaba en el acero, el hormigón, las compuertas ni los barcos.
Terminaba mucho más lejos.
O, más exactamente, no terminaba donde parecía.
El funcionamiento del Canal depende del agua almacenada en los lagos Gatún y Alhajuela. Esa agua permite operar las esclusas. Pero el mismo sistema lacustre abastece también agua que, una vez potabilizada, llega a más de la mitad de la población del país.
Durante la sequía de 2023, agravada por El Niño, la entrada de agua cayó de manera excepcional. La Autoridad del Canal de Panamá informó de un déficit diario entre las entradas al embalse Gatún y las salidas asociadas a operación, evaporación, consumo humano e industria. El nivel del lago descendió y la organización tuvo que reducir calado y número de tránsitos.
En diciembre de ese año, la propia Autoridad describía 2023 como el segundo año más seco de los 73 años de registros de la cuenca y explicaba que las restricciones respondían al estado extraordinariamente bajo de Gatún.
La vía que conecta dos océanos dependía de lluvia, cuenca, almacenamiento, evaporación, consumo urbano y decisiones de gestión hídrica.
No es una metáfora.
Cuando faltó agua, disminuyó capacidad logística mundial.
La pregunta de este capítulo empieza ahí.
¿Era el agua un recurso utilizado por el Canal?
Sí.
Pero esa descripción se queda corta.
El agua era también una condición de existencia operacional de la forma llamada Canal de Panamá.
1. Recurso: mirar desde la entrada
La palabra recurso es útil.
Permite identificar algo que una actividad necesita: agua, energía, suelo, minerales, trabajo, capital, información, tiempo.
Desde el punto de vista de una organización, el recurso aparece normalmente como una entrada.
¿Cuánto necesitamos?
¿Cuánto cuesta?
¿Dónde podemos obtenerlo?
¿Hay sustitutos?
¿Podemos utilizarlo con mayor eficiencia?
Esta mirada ha permitido administrar sistemas complejos con enorme eficacia.
Pero tiene un sesgo incorporado.
Empieza desde la forma focal.
El bosque aparece como madera, almacenamiento de carbono, regulación hídrica o espacio recreativo según la actividad que lo observa.
El río aparece como agua potable, refrigeración, riego, energía, navegación o receptor de efluentes.
El suelo aparece como superficie, fertilidad, soporte de construcción o reserva de carbono.
La atmósfera aparece como medio para la combustión y, durante mucho tiempo, como capacidad prácticamente gratuita de dispersión.
Nada de esto es falso.
El problema aparece cuando la descripción funcional desde un usuario sustituye a la descripción de la relación completa.
Un recurso tiene historia, regeneración, competidores, umbrales, conexiones y efectos de retorno.
El agua que mueve una esclusa forma parte de una cuenca que alimenta ciudades, ecosistemas y actividades económicas. La extracción de un mineral está unida a energía, agua, residuos, territorio y cadenas de suministro. El trabajo depende de vivienda, salud, educación, transporte, cuidados y estabilidad institucional. El crédito depende de confianza, derecho, información y capacidad futura de pago.
La entrada no existe aislada del sistema que la produce y reproduce.
2. Dependencia e impacto: las dos flechas
Una de las evoluciones más importantes del lenguaje reciente de sostenibilidad consiste precisamente en dejar de mirar una sola flecha.
Durante años, buena parte de la conversación empresarial sobre naturaleza se concentró en impacto:
¿qué le hace la empresa al entorno?
Emisiones.
Uso de suelo.
Vertidos.
Extracción.
Ruido.
Fragmentación.
Residuos.
La pregunta es imprescindible.
Pero existe otra dirección:
¿de qué condiciones naturales depende la empresa para poder existir y operar?
La evaluación de empresas y biodiversidad de IPBES de 2026 organiza explícitamente el problema alrededor de ambas dimensiones. Dedica capítulos separados a cómo los negocios dependen de la biodiversidad y de las contribuciones de la naturaleza a las personas, y a cómo los negocios impactan sobre ellas.
Esta arquitectura importa más que cualquier eslogan.
Una actividad puede afectar una condición de la que también depende.
Agricultura y fertilidad del suelo.
Industria y disponibilidad de agua.
Pesca y renovación de poblaciones marinas.
Turismo y calidad paisajística o ecológica.
Seguros y frecuencia de eventos extremos.
Puertos y estabilidad costera.
La relación ya no es lineal.
empresa → impacto → entorno
se convierte en algo más parecido a:
condiciones → capacidad empresarial → impactos → modificación de condiciones → capacidad futura.
La segunda flecha devuelve la consecuencia al actor.
No siempre de inmediato.
No siempre al mismo actor.
No siempre con la misma intensidad.
Pero conceptualmente desaparece la comodidad de un exterior puramente pasivo.
3. El Canal no “consume agua” de la misma forma que consume una pieza
El caso panameño permite ver otra diferencia.
Una organización puede consumir una pieza de repuesto y comprar otra.
Puede sustituir un proveedor.
Puede cambiar un combustible por otro.
Pero algunas condiciones no son intercambiables con la misma facilidad.
El Canal no puede mover la cuenca del Chagres a otro lugar cuando llueve poco.
No puede comprar instantáneamente un lago equivalente en el mercado mundial.
Puede mejorar eficiencia hídrica, cambiar reglas operativas, construir nueva infraestructura, gestionar la demanda y desarrollar nuevas fuentes. Todo eso modifica la relación.
Pero su capacidad sigue incrustada en una geografía hidrológica concreta.
Durante la crisis, la ACP priorizó el suministro de agua a la población y absorbió parte del ajuste reduciendo tránsitos. En mayo de 2024 explicaba que había mantenido el agua necesaria para potabilización y adaptado la operación de la vía.
Eso muestra algo más profundo que una escasez puntual.
Una misma condición sostiene varias formas a la vez.
La cuenca sostiene hogares, ciudades, industria, generación, ecosistemas y navegación.
Cada usuario puede describirla como su recurso.
Pero ninguno agota su significado.
Cuando las demandas agregadas se acercan a la capacidad disponible, la relación compartida deja de ser fondo y pasa al centro de la decisión.
4. Sistemas socioecológicos: no estamos inventando la interdependencia
Aquí aparece un rival necesario.
¿Por qué introducir otra palabra?
La ecología, la economía ecológica, la ciencia de la resiliencia y el análisis de sistemas llevan décadas estudiando dependencias e interacciones entre sociedades y naturaleza.
El Stockholm Resilience Centre define los sistemas socioecológicos como sistemas vinculados de personas y naturaleza y subraya que tratarlos como mundos separados es una división analítica que puede resultar artificial.
La resiliencia, en ese marco, es la capacidad de afrontar cambios y continuar desarrollándose.
Estas ideas ya contienen elementos esenciales para lo que estamos observando.
También los conceptos de servicios ecosistémicos y contribuciones de la naturaleza a las personas permiten describir procesos sin los cuales muchas actividades humanas perderían capacidad: polinización, regulación hídrica, formación de suelo, control de erosión, purificación, regulación climática.
Por tanto, este libro no necesita afirmar que ha descubierto que economía y naturaleza están conectadas.
No lo ha hecho.
Tampoco necesita rebautizar como “campo” aquello que otras disciplinas miden con mayor precisión.
Si la palabra no añade una función específica, sobra.
5. Límites planetarios: medir el espacio operativo
El marco de límites planetarios aborda el problema desde otra escala.
Identifica procesos del sistema Tierra relacionados con estabilidad y resiliencia y propone variables de control y zonas de riesgo para presiones humanas.
La evaluación de 2023 encontró seis de nueve límites transgredidos. La actualización que hoy presenta el Stockholm Resilience Centre incorpora la acidificación oceánica como séptimo límite transgredido.
La cifra no debe convertirse en una cuenta atrás apocalíptica.
Cruzar un límite no significa que al día siguiente se produzca un colapso mundial.
Significa que aumenta el riesgo de alterar procesos cuya estabilidad importa para las condiciones en las que se desarrollaron las sociedades humanas.
El valor del marco es precisamente cuantificar y diferenciar procesos.
Clima no es biodiversidad.
Agua dulce no es nitrógeno.
Acidificación oceánica no es cambio de uso del suelo.
Interactúan, pero no son intercambiables.
Esta precisión es un antídoto contra cualquier uso vago de la palabra campo.
Si campo sirve para borrar diferencias, es peor que los conceptos que intenta integrar.
6. De flujo material a condición de continuidad
El Global Resources Outlook 2024 muestra otra cara de la relación.
La extracción mundial de recursos naturales se ha triplicado aproximadamente durante las últimas cinco décadas. Bajo tendencias actuales, el informe proyecta que la extracción podría aumentar cerca de un 60 por ciento entre 2020 y 2060.
El informe conecta extracción y procesamiento con emisiones, biodiversidad, contaminación, uso de suelo y estrés hídrico.
Eso permite distinguir dos niveles.
El primero es el flujo:
¿cuántas toneladas entran en la economía?
El segundo es la condición:
¿qué ocurre con los sistemas de los que proceden esas toneladas y con aquellos que reciben las consecuencias de extraerlas, transformarlas, utilizarlas y desecharlas?
Una economía puede mejorar productividad material y seguir aumentando el flujo total.
Puede reciclar más y seguir requiriendo extracción primaria creciente.
Puede reducir un impacto por unidad mientras aumenta otro por escala.
El capítulo 9 examinó esta aritmética desde la eficiencia.
Aquí damos un paso distinto.
Preguntamos si el flujo modifica las condiciones que harán posible el flujo futuro.
7. Qué significa campo en este corpus
Ahora podemos introducir el término.
En este libro, campo no designa una sustancia física nueva.
No es energía invisible.
No es una mente planetaria.
No sustituye a ecosistema, mercado, sociedad, institución, clima, red o territorio.
Es una tesis relacional del corpus.
Llamaremos campo de una forma al conjunto de condiciones relevantes, relaciones y capacidades distribuidas de las que esa forma depende para emerger, operar, repararse, adaptarse y continuar, junto con los canales mediante los cuales su funcionamiento modifica esas mismas condiciones.
La definición tiene cinco piezas.
Primera: hay una forma focal.
Una empresa.
Una ciudad.
Una infraestructura.
Una institución.
Una economía.
Segunda: hay condiciones de capacidad.
Agua, energía, materiales, conocimiento, confianza, derecho, infraestructura, biodiversidad, trabajo, clima, redes, financiación.
Tercera: hay salidas e impactos.
Emisiones, residuos, rentas, conocimiento, empleo, contaminación, inversión, aprendizaje, restauración, agotamiento.
Cuarta: existen realimentaciones.
Algunas salidas alteran condiciones de las que la forma volverá a depender.
Quinta: la relación tiene tiempo.
Una forma puede ganar capacidad presente y perder capacidad futura.
Eso es todo lo que la palabra necesita hacer aquí.
Si intentara explicar más, empezaría a explicar menos.
8. Campo no significa que todo dependa de todo
Una teoría relacional corre un riesgo inmediato.
Si todo está conectado con todo, cualquier acontecimiento puede atribuirse a cualquier cosa.
Eso destruye causalidad en lugar de ampliarla.
Por eso el campo debe delimitarse operacionalmente.
No preguntamos por todas las relaciones existentes en el universo.
Preguntamos por relaciones relevantes para una capacidad concreta.
Para el Canal de Panamá, la lluvia en su cuenca es relevante de forma directa.
La política monetaria japonesa puede afectar indirectamente financiación o comercio, pero no pertenece al mismo nivel causal cuando analizamos el límite hídrico de las esclusas.
Para una explotación agrícola, polinizadores o humedad del suelo pueden ser condiciones directas. La arquitectura de una red social digital puede ser irrelevante para ese mecanismo específico.
Para un banco, confianza jurídica y capacidad de pago son centrales; el contenido mineral de una parcela remota puede no serlo salvo que aparezca a través de activos financiados.
Campo exige seleccionar relaciones, no acumularlas.
Una relación debe entrar porque cambia materialmente la capacidad, exposición, reparación o continuidad de la forma que analizamos.
9. Egocentramiento: un problema de perímetro
El corpus necesita otro término, pero también necesita domesticarlo.
Llamaremos egocentramiento al régimen estructural en el que una forma organiza observación y decisión alrededor de su propio perímetro operativo y trata como fondo relaciones externas que son relevantes para su continuidad.
No significa egoísmo.
No presupone narcisismo.
No acusa moralmente a las personas que deciden.
Un gestor puede actuar de buena fe y, aun así, recibir un cuadro de mando que solo muestra costes internos.
Una empresa puede optimizar métricas que no incorporan degradación de proveedores críticos.
Un gobierno local puede mejorar resultados dentro de su jurisdicción desplazando una presión a otra.
Un consumidor puede elegir racionalmente entre las opciones disponibles aunque la infraestructura que produce esas opciones externalice costes.
El egocentramiento es una propiedad posible de la arquitectura de percepción y decisión.
¿Qué entra en el balance?
¿Qué periodo temporal se considera?
¿Qué actores tienen voz?
¿Qué dependencias se registran?
¿Qué daño se convierte en precio, obligación o restricción?
¿Qué variable queda fuera porque nadie dentro del perímetro tiene mandato para defenderla?
Cuando cambia el perímetro, cambia lo que parece racional.
10. La forma puede consumir el campo que la sostiene
Llegamos a la tesis central.
Una forma obtiene capacidad de su campo.
Puede extraer agua.
Puede utilizar fertilidad.
Puede apoyarse en confianza institucional.
Puede beneficiarse de estabilidad climática.
Puede depender de trabajadores formados, proveedores solventes, infraestructuras mantenidas y ecosistemas funcionales.
Algunas de sus operaciones devuelven capacidad al campo.
Formación.
Mantenimiento.
Innovación.
Restauración.
Infraestructura útil.
Conocimiento.
Cooperación.
Otras operaciones pueden degradar condiciones de las que la propia forma depende.
Sobreexplotación.
Contaminación.
Deterioro institucional.
Pérdida de redundancia.
Deuda sin capacidad futura equivalente.
Infraestructura no mantenida.
El punto importante es temporal.
Una forma puede aumentar rendimiento mientras degrada su soporte.
Una pesquería puede aumentar capturas durante un periodo reduciendo biomasa reproductiva.
Una ciudad puede expandirse consumiendo suelo y multiplicando dependencias de movilidad que más tarde encarecen su funcionamiento.
Una empresa puede aumentar márgenes debilitando mantenimiento o conocimiento interno.
Una infraestructura puede maximizar utilización reduciendo márgenes de redundancia hasta quedar más expuesta a perturbaciones.
En términos del corpus:
una forma puede aumentar capacidad presente consumiendo el campo que sostiene su continuidad futura.
Ésta es una tesis E3.
No sustituye el análisis empírico que debe demostrar, caso por caso, qué condición se degrada y cómo afecta después a la capacidad.
11. El rival más fuerte: quizá basta con decir “sistema”
La objeción sigue en pie.
¿Por qué no llamar a todo esto sistema?
A menudo debemos hacerlo.
Sistema socioecológico tiene literatura, métodos y casos.
Cadena de suministro tiene métricas propias.
Cuenca tiene hidrología.
Mercado tiene instituciones y precios.
Ecosistema tiene relaciones biológicas que no ganan nada al ser rebautizadas.
La respuesta no puede ser que campo sea más profundo.
Eso sería retórica.
Su única justificación aquí es otra.
El término obliga a mantener visible una asimetría que el lenguaje de objetos puede esconder: la forma focal no agota las condiciones de su propia existencia.
El campo no es “todo el sistema”.
Es la relación entre una forma y las condiciones distribuidas que participan de su capacidad y reciben sus efectos.
A veces esa relación coincidirá casi por completo con un sistema bien definido.
Otras veces atravesará varios sistemas: ecológico, jurídico, financiero, energético, social.
Si una disciplina existente ya modela bien el mecanismo, debe conservarse su vocabulario.
Campo funciona como regla de composición entre niveles, no como sustitución del conocimiento especializado.
12. Del recurso al campo
Podemos volver al lago Gatún.
Desde una contabilidad simple, el agua entra como recurso.
Desde una gestión más completa, entra como restricción compartida.
Desde la resiliencia, aparece dentro de un sistema socioecológico sometido a variabilidad y perturbación.
Desde la economía, tiene costes, usos alternativos e incentivos.
Desde la ingeniería, determina calado, esclusajes y capacidad.
Desde la política pública, sostiene agua potable y actividad económica.
Desde la ecología, forma parte de una cuenca con dinámicas que no existen para servir exclusivamente al Canal.
La palabra campo no elimina ninguna de esas descripciones.
Las obliga a coexistir alrededor de una pregunta:
¿qué condiciones hacen posible la continuidad de esta forma y cómo las modifica la propia forma al operar?
Ése es el desplazamiento.
Del recurso como cosa disponible al campo como relación de capacidad y realimentación.
Del exterior como fondo al soporte como parte de la decisión.
Del impacto como consecuencia separada a la posibilidad de que la consecuencia vuelva sobre las condiciones de continuidad.
Ya tenemos casi todas las piezas del volumen.
Sabemos cómo el coste puede enviarse a otro lugar o a otro tiempo.
Sabemos que la escala puede convertir sumas locales en presiones planetarias.
Sabemos que la interdependencia puede crecer más deprisa que la integración institucional.
Sabemos que instituciones y mercados pueden necesitar expansión y rotación.
Sabemos que la eficiencia por unidad no determina por sí sola el resultado agregado.
Sabemos que una política de sostenibilidad puede mejorar una forma sin transformar necesariamente el mecanismo que reproduce una presión.
Y ahora sabemos por qué la forma no puede analizarse como si el soporte fuera un exterior inerte.
Falta una última operación.
Integrar estas piezas sin afirmar que todas las fronteras han desaparecido, que todo causa todo o que la civilización se haya convertido en un único organismo.
El cierre necesita una tesis más modesta y, precisamente por eso, más exigente.
¿Qué significa vivir en un mundo donde los exteriores continúan existiendo como distancias, jurisdicciones y diferencias, pero dejan de funcionar como lugares infinitos a los que enviar consecuencias sin retorno?
Ahí comienza el último capítulo.
Un mundo sin fuera.