Observatorio de Lo que viene · Pieza
McKinsey · La ventaja ya no está en tener IA, sino en cambiar cómo funciona la empresa
McKinsey observa que muchas empresas aceleran tareas con IA sin conseguir un impacto amplio porque mantienen intactos los procesos, las decisiones y la organización que limitaban el rendimiento. La ventaja aparece cuando se rediseña el trabajo.
Posición en el puzzle
Dónde participa esta pieza
Grupos
- Decisión en entornos cambiantes
- Workflow, integración y modelo operativo
- Herramientas, contexto, permisos e identidad
Grafo semántico
Relaciones trazables
Desde este nodo
- supportsOrganización reconfigurable
- supportsAdopción superficial y pérdida de capacidad
- illustratesLo que viene como figura externa
- connects_toGobierno de la capacidad artificial
- connects_toAgencia operativa y autoridad humana
- connects_toMercado de transición y capacidades
Hacia este nodo
Autores: Christoph Schmitz, Dago Diedrich, Gianmarco Cilento y Steffen Fuchs
Entidad: McKinsey & Company
Referencia: The operating model advantage: Why AI winners are rewiring their organizations · 7 de julio de 2026
Muchas empresas ya tienen IA.
Tienen asistentes, herramientas de análisis, sistemas de generación y pilotos repartidos por distintos departamentos.
Y, sin embargo, McKinsey observa que pocas han conseguido traducir toda esa actividad en un impacto financiero amplio.
Su explicación es muy útil para el Observatorio: la empresa introduce una capacidad nueva, pero sigue funcionando con la misma manera antigua de organizar el trabajo y tomar decisiones.
Acelerar una tarea no elimina el cuello de botella
Imaginemos que una herramienta reduce de dos días a veinte minutos la preparación de un análisis.
Si después el análisis necesita pasar por tres niveles jerárquicos, esperar a una reunión semanal y entrar en un proceso presupuestario trimestral, el resultado completo no se ha acelerado en la misma proporción.
La empresa tiene una tarea rápida dentro de un sistema lento.
McKinsey utiliza la expresión operating model para hablar del conjunto de workflows, gobierno, equipos, capacidades, datos y decisiones que determinan cómo funciona una organización.
La idea importante no es aprender el término. Es comprender que el rendimiento depende del recorrido completo del trabajo, no solamente de la parte en la que colocamos IA.
La tecnología se copia más deprisa que la organización
Ésta es otra señal fuerte.
Cuando varias empresas pueden acceder a modelos y herramientas parecidos, tener la tecnología deja de ser una ventaja duradera.
Un competidor puede comprar mañana una herramienta muy similar.
Lo que no puede copiar tan rápido es una organización que lleva años aprendiendo a decidir antes, rediseñar procesos, utilizar bien sus datos y dar autoridad a las personas adecuadas.
Por eso la ventaja puede desplazarse desde el producto tecnológico hacia una capacidad menos visible: saber transformarse continuamente.
La IA no causa el problema organizativo
Muchas empresas ya eran lentas antes de la IA.
Tenían exceso de coordinación, departamentos que apenas compartían información, decisiones alejadas del problema y procesos construidos durante años alrededor de tecnologías antiguas.
La IA llega y hace esa diferencia más visible.
Puede acelerar algunas partes y dejar al descubierto las demás.
Y además aumenta la presión competitiva porque otras empresas sí pueden utilizar la nueva velocidad para rediseñar su actividad.
La tecnología es un acelerador. La cuestión profunda es si la organización puede acompañar esa aceleración.
Oportunidades que abre esta necesidad
Si millones de empresas necesitan revisar cómo trabajan, aquí aparece una de las mayores familias de oportunidades del nuevo mercado.
Especialistas en operaciones pueden rediseñar workflows de principio a fin.
Abogados pueden construir sistemas de decisión y responsabilidad que permitan actuar con más rapidez sin perder control.
Profesionales de recursos humanos pueden revisar roles, autoridad, aprendizaje y combinación entre personas y capacidad artificial.
Expertos de datos y conocimiento pueden conseguir que la información necesaria esté disponible cuando se decide.
Financieros pueden crear métricas que midan resultados reales en vez de contar pilotos o licencias.
Consultores pueden pasar de recomendar herramientas a responder por una mejora concreta del proceso.
Y pequeños equipos especializados pueden ofrecer una capacidad de transformación que una empresa no necesita mantener permanentemente dentro.
Cambia también lo que puede vender un profesional
Un profesional ya no tiene por qué vender únicamente una tarea.
Puede vender una mejora en la manera de realizarla.
Un abogado no solo redacta el documento: ayuda a rediseñar el circuito por el que se toma una decisión con riesgo jurídico.
Un controller no solo prepara información: ayuda a reducir el tiempo entre lo que ocurre y la reacción económica.
Un especialista en formación no solo enseña una herramienta: acompaña al equipo hasta que cambia su práctica.
Esa diferencia abre oportunidades para profesiones enteras.
Qué nos dice esta pieza sobre Lo que viene
McKinsey habla desde la lógica de ventaja competitiva y rentabilidad empresarial. No ofrece una teoría general de cómo conservar capacidad en un mundo acelerado.
Pero ve una pieza central.
La IA no produce transformación porque exista. Produce valor cuando cambia la manera en que una organización trabaja, decide y aprende.
Cuanto más accesibles sean las herramientas, más importante será esa diferencia.
Y alrededor de las empresas que necesiten cambiar pero no sepan cómo hacerlo aparecerá un mercado extraordinariamente amplio de profesionales, equipos y nuevas empresas capaces de convertir posibilidad tecnológica en funcionamiento real.