Pieza
Herbert Simon · Cuando sobra información, el problema es saber qué importa
Herbert Simon vio muy pronto que cuando la información se multiplica la atención se vuelve escasa. Hoy esa idea ayuda a entender por qué seleccionar lo importante es una capacidad cada vez más valiosa.
Posición en el puzzle
Dónde participa esta pieza
Grupos
- Atención, información y relevancia
- IA generativa y ampliación del trabajo cognitivo
Autor: Herbert A. Simon
Texto de referencia: Designing Organizations for an Information-Rich World · 1971
En 1971, mucho antes de internet, las redes sociales, los teléfonos inteligentes y la inteligencia artificial generativa, Herbert A. Simon señaló un problema que hoy resulta difícil no reconocer.
Cuando aumenta la cantidad de información disponible, no aumenta automáticamente nuestra capacidad para entender lo que ocurre. Puede suceder exactamente lo contrario.
La razón es sencilla: podemos producir y recibir muchísima información, pero nuestra atención sigue siendo limitada. Simon explicó que una sociedad rica en información se enfrenta inevitablemente a la escasez de aquello que la información consume: la atención de las personas. Por eso el problema deja de ser únicamente conseguir información y pasa a ser decidir a qué merece la pena prestar atención.
Lo importante de esta pieza hoy
Cincuenta años después, el problema se ha multiplicado.
Una empresa puede recibir datos de ventas, informes, correos, mensajes, noticias del sector, cambios regulatorios, movimientos de competidores, análisis de mercado, alertas tecnológicas, comentarios de clientes y ahora, además, cantidades prácticamente ilimitadas de contenido producido o procesado por inteligencia artificial.
Una persona vive algo parecido. Puede acceder en segundos a más información de la que podría consumir durante toda su vida.
Por eso tener información ha dejado de ser una ventaja suficiente. La ventaja empieza a estar en otra parte: saber qué información importa para lo que estás intentando hacer y disponer de ella cuando todavía puedes hacer algo con ella.
Ésta es una de las primeras piezas de Lo que viene.
No porque Simon estuviera hablando de nuestro mundo actual. Precisamente por lo contrario: porque detectó el problema antes de que llegaran internet y la IA.
La inteligencia artificial no creó la escasez de atención. El problema ya estaba ahí. Lo que hace la IA es aumentar enormemente su intensidad. Puede producir análisis, textos, imágenes, vídeos, código, alternativas y respuestas casi sin límite. Eso multiplica nuestra capacidad para producir información, pero no multiplica automáticamente nuestra capacidad para saber cuál es buena, cuál es importante y cuál merece que cambiemos algo por ella.
Podemos terminar siendo mucho más productivos generando aquello que nunca necesitábamos generar.
El riesgo de llegar tarde rodeados de información
Aquí aparece una confusión importante.
Quedarse fuera no significa necesariamente no tener información. Puede ocurrir justamente lo contrario.
Una empresa puede tener paneles de datos, consultores, inteligencia artificial, boletines, estudios de mercado y decenas de reuniones semanales y, aun así, estar llegando tarde a lo importante.
Puede saber muchísimo y entender muy poco.
Cuando eso ocurre empiezan síntomas conocidos: cada decisión exige más reuniones; aparecen más informes; todo parece urgente; los responsables tienen dificultades para saber qué merece atención; se trabaja muchísimo y, sin embargo, las decisiones importantes llegan demasiado tarde.
Mientras tanto, otra empresa más pequeña puede disponer de menos información, pero haber aprendido a detectar antes qué está cambiando, qué le afecta realmente y qué debe hacer.
La segunda no necesariamente sabe más. Sabe mejor qué necesita saber.
Qué ocurre si esto sigue creciendo
El coste económico de prestar atención a lo equivocado puede ser enorme.
Si miramos lo que no importa, dejamos de mirar lo que sí importa. Invertimos dinero donde ya no merece la pena invertirlo. Desarrollamos productos cuya oportunidad está desapareciendo. Formamos a personas en capacidades que pierden valor. Seguimos procesos que funcionaban para unas condiciones que ya no existen. Detectamos tarde un nuevo competidor, una tecnología, una regulación o un cambio en nuestros clientes.
No hace falta cometer una gran equivocación. Basta con llegar un poco tarde muchas veces.
Eso es especialmente peligroso en un mundo cada vez más conectado. Un movimiento tecnológico altera un mercado; el mercado modifica inversiones; las inversiones cambian empresas; las empresas cambian empleo; la política reacciona; aparece regulación; la regulación vuelve a modificar el mercado.
Cada movimiento provoca otros. Y tenemos cada vez menos tiempo para distinguir cuáles de todos ellos realmente nos afectan.
Oportunidades que abre este cambio
Si personas y organizaciones reciben cada vez más información y tienen cada vez más dificultades para distinguir qué importa, alguien tendrá que ayudarlas a hacerlo.
Y ésa no es una oportunidad reservada a grandes empresas tecnológicas.
Hay oportunidades para quienes sepan seleccionar, interpretar, explicar y poner información en contexto.
Un periodista puede especializarse no solamente en contar qué ha ocurrido, sino en explicar a un determinado colectivo qué cambios realmente le afectan.
Un economista puede ayudar a empresas pequeñas a interpretar señales que antes solo podían analizar grandes departamentos estratégicos.
Un profesor puede dejar de impartir únicamente conocimientos cerrados y ayudar a profesionales a mantenerse actualizados de forma continua.
Un creador de contenido puede especializarse en convertir asuntos complejos en explicaciones breves que permitan a miles de personas entender qué está cambiando.
Un consultor puede dejar de producir grandes informes ocasionales y ayudar a mantener una lectura continua de lo que ocurre.
Un documentalista, investigador o especialista sectorial puede convertirse en alguien extraordinariamente valioso precisamente porque sabe encontrar y seleccionar aquello que otros no tienen tiempo de buscar.
Y aparecerán también herramientas y servicios nuevos: sistemas personales de información, observatorios especializados, asistentes de investigación, filtros, agentes, comunidades profesionales, servicios de alerta, formación continua y muchas otras combinaciones que probablemente todavía no tienen nombre.
El punto importante no es adivinar ahora cuáles triunfarán. Es entender por qué existe la oportunidad.
Cuando algo escaso se vuelve importante, aparece valor alrededor de quien puede proporcionarlo.
En un mundo inundado de información, una de las cosas cada vez más escasas es la capacidad de decir: «De todo esto que está ocurriendo, esto es lo que necesitas mirar ahora.»
Profesiones que ya están cerca
Ésta tampoco es una historia sobre sustituir profesiones antiguas por programadores.
Muchas profesiones ya están muy cerca de esta necesidad: periodistas, docentes, investigadores, analistas, economistas, consultores, documentalistas, especialistas sectoriales, responsables de estrategia, creadores de contenido, profesionales de la comunicación y muchas otras personas que ya trabajan, de una manera u otra, con información.
La oportunidad puede consistir menos en cambiar de profesión que en cambiar la función que desempeñan:
- pasar de producir más información a reducir el ruido;
- pasar de informar sobre todo a señalar lo importante;
- pasar de entregar conocimiento acumulado a ayudar a decidir mientras todavía hay tiempo.
Ése es un cambio mucho más profundo de lo que parece.
Qué nos dice sobre el nuevo mercado
Simon no estaba anunciando un nuevo mercado de servicios ni hablando de startups. No debemos hacerle decir eso.
Lo que sí estaba identificando era una necesidad que se ha vuelto mucho mayor: cuanto más aumenta la información, más importante resulta proteger y dirigir nuestra atención.
Nuestra lectura empieza después.
Si esa necesidad crece, crecerá también el valor de todo aquello que permita a personas y organizaciones detectar antes qué importa, comprenderlo mejor y actuar a tiempo.
Por eso esta pieza favorece con bastante fuerza una parte de la figura que estamos observando: el nuevo mercado no nace solamente de tecnologías nuevas, sino de problemas nuevos —o problemas antiguos que se vuelven mucho más intensos— que alguien tendrá que resolver.
No demuestra que ese mercado vaya a organizarse de una determinada manera. Pero sí explica una de las razones por las que aparecen oportunidades alrededor de la selección, la comprensión y la atención.
Porque producir información es cada vez más fácil.
Saber a qué prestar atención es cada vez más valioso.